Diosa de la astucia y la inteligencia práctica; el verdadero motor de la trama. Protege a Ulises, empuja a Telémaco a madurar y se aparece disfrazada de mortal (Mentes, Méntor).
No hay coincidencias. Prueba con otro término.
Club de Lectura
El canto que leemos esta semana, su pregunta para abrir la conversación y el calendario de sesiones del club.
Calendario del club
Añadir al calendario
Próximas fechas
Quién es quién
Dioses, héroes y obstáculos. Cada entrada trae el nombre romano que verás en tu libro, el nombre griego original y los cantos donde aparece.
Los dioses
«El padre de los hombres y de los dioses». Preside el concilio que abre la obra y arbitra el destino de Ulises.
Dios del mar y gran antagonista divino. Odia a Ulises por haber cegado a su hijo Polifemo y le levanta tempestades; al final petrifica la nave que lo devolvió a casa.
Mensajero de los dioses. Ordena a Calipso liberar a Ulises y le entrega la hierba mágica que lo protege del hechizo de Circe.
Soberanos del reino de los muertos, adonde desciende Ulises para consultar al adivino Tiresias.
Diosa marina que, compadecida, salva a Ulises del naufragio prestándole su velo.
Sus vacas sagradas son devoradas por los compañeros de Ulises pese a la prohibición; su castigo los condena a todos.
La casa de Ulises
El héroe. «Varón de multiforme ingenio»: paciente, astuto, deseoso de volver a casa. Toda la obra es su regreso y su venganza.
La esposa fiel y discreta. Resiste a los pretendientes con ingenio durante veinte años; suya es la célebre estratagema de la tela.
El hijo, que crece ante nuestros ojos. Los cuatro primeros cantos (la «Telemaquia») narran cómo busca a su padre y deja de ser un niño.
El padre anciano de Ulises, retirado al campo, doblado por la pena.
La madre de Ulises, ya muerta. Su alma, en el inframundo, le revela que murió de añoranza por él.
La vieja nodriza, fidelísima. Reconoce a Ulises por una cicatriz mientras le lava los pies.
El perro de Ulises. Tras veinte años, viejo y abandonado, reconoce a su amo disfrazado y muere. Una de las escenas más conmovedoras del poema.
El boyero leal que, con Eumeo, ayuda a Ulises en la matanza final.
Cabrero desleal que insulta a Ulises mendigo y arma a los pretendientes.
Aliados y anfitriones
El anciano rey de Pilos, veterano de Troya. Recibe a Telémaco y le cuenta el regreso de los héroes.
Los reyes de Esparta. Acogen a Telémaco con espléndida hospitalidad y le dan noticias de su padre.
Rey y reina de los feacios, anfitriones perfectos. En su palacio Ulises relata sus aventuras; ellos lo devuelven a Ítaca.
La joven princesa feacia que encuentra a Ulises náufrago y lo conduce al palacio de su padre. Encarna la hospitalidad pudorosa y generosa.
El aedo ciego de los feacios. Canta la guerra de Troya y hace llorar a Ulises sin saber que lo tiene delante.
El aedo de Ítaca, obligado a cantar para los pretendientes. Ulises le perdona la vida.
El porquerizo fiel. Sin reconocerlo, hospeda y defiende a Ulises disfrazado de mendigo: el humilde que practica la hospitalidad sagrada mejor que los nobles.
El adivino ciego de Tebas. Su alma, evocada en el Hades, profetiza a Ulises el resto de su viaje.
Adversarios y obstáculos
La turba de nobles que ocupa el palacio, devora los bienes de Ulises y corteja a Penélope. Encarnan la desmesura. Mueren todos en el canto XXII.
El pretendiente más violento e insolente. Llega a arrojar un escabel a Ulises mendigo. Es el primero en caer.
El pretendiente más zalamero y calculador: promete enmendarse cuando ya es tarde. Cae el segundo.
El gigante de un solo ojo, hijo de Neptuno, que se come a los compañeros de Ulises. El héroe lo embriaga y lo ciega para escapar.
El pueblo que come la flor del loto: quien la prueba pierde el deseo de volver a casa. La tentación del olvido.
Gigantes antropófagos que destrozan casi toda la flota de Ulises a pedradas.
La hechicera de la isla Eea, que convierte a los hombres en cerdos. Vencida por Ulises, se vuelve su amante y aliada.
La ninfa de la isla Ogigia que retiene a Ulises siete años, ofreciéndole la inmortalidad a cambio de quedarse. Él prefiere volver a casa.
Cantoras cuyo canto irresistible hace naufragar a los marinos. Ulises se hace atar al mástil para oírlas y sobrevivir.
Dos monstruos que guardan un estrecho: Escila, de seis cabezas, devora marinos; Caribdis traga y vomita el mar. El dilema de elegir entre dos males.
Fíjense en un patrón: casi todos los «monstruos» de Ulises son pruebas de carácter disfrazadas de peligros. El loto pone a prueba la voluntad; las sirenas, la curiosidad; Calipso, el deseo de comodidad. La Odisea no pregunta solo «¿sobrevivirá?», sino «¿seguirá siendo él mismo?».
Glosario griego
Doce conceptos que son el corazón de «ahondar en los griegos». No son tecnicismos: son las preguntas con las que un griego entendía qué es una vida buena. Cada ejemplo está verificado contra el texto.
El pacto sagrado entre anfitrión y huésped, protegido por el propio Júpiter. Recibir, alimentar y proteger al extranjero —antes incluso de preguntarle su nombre— era un deber religioso, no una cortesía.
Por qué importaLa Odisea entera es un examen de hospitalidad. Telémaco recibe a la diosa disfrazada antes de saber quién es:
«¡Salve, huésped! Entre nosotros has de recibir amistoso acogimiento.»Canto I
El humilde Eumeo cumple la xenía a la perfección; los pretendientes la violan a diario. Por eso su castigo es justo: maltrataron al huésped.
El retorno a casa, en concreto el del héroe por mar tras la guerra. De aquí viene «nostalgia»: el dolor (álgos) por el regreso (nóstos).
Por qué importaEl nóstos es el motor de todo. Ulises rechaza la inmortalidad que le ofrece Calipso por volver a su pequeña Ítaca. Y el regreso se pierde para quien comete una falta:
«todos perecieron por sus propias locuras. ¡Insensatos! Comiéronse las vacas del Sol»Canto I
La fama que sobrevive a la muerte, transmitida por el canto de los aedos. Para un héroe griego era una forma de inmortalidad: no vivir para siempre, sino ser cantado para siempre.
Por qué importaTelémaco viaja, en parte, para averiguar la suerte de su padre y rescatar su kleos. Y la propia existencia del poema es kleos: Ulises vive aún porque seguimos contando su historia.
La inteligencia astuta, la capacidad de salir de cualquier trampa con ingenio en vez de con fuerza. Es la cualidad que define a Ulises.
Por qué importaEl poema lo presenta, en su primera línea, como
«aquel varón de multiforme ingenio»Canto I
Es la mêtis la que lo salva: emborracha al cíclope, se hace llamar «Nadie», idea el caballo de Troya, sobrevive a las sirenas. Donde otros héroes empujan, Ulises piensa.
El orgullo que traspasa los límites humanos y ofende a los dioses o a los semejantes. Para los griegos, la hybris siempre atrae el castigo.
Por qué importaEs el pecado de los pretendientes —devoran una casa ajena— y del cíclope, que desprecia las leyes de la hospitalidad y a los dioses. La obra es, en buena medida, la corrección de toda esa desmesura.
La excelencia propia de cada ser: cumplir bien aquello para lo que uno sirve. La areté de Ulises es su ingenio y constancia; la de Penélope, su fidelidad y prudencia; la de Eumeo, su lealtad.
Por qué importaCada personaje brilla en su virtud propia, sea rey o porquerizo: el ingenioso y paciente Ulises, la casta y discreta Penélope, el fiel Eumeo.
La «parte» que a cada uno le toca en la vida, el límite que ni los dioses derogan. Pero —y esto es decisivo— la moira no anula la responsabilidad humana.
Por qué importaEl poema abre con Júpiter quejándose justo de eso:
«¡De qué modo culpan los mortales á los númenes! Dicen que las cosas malas les vienen de nosotros, y son ellos quienes se atraen con sus locuras infortunios no decretados por el destino.»Canto I
Una de las primeras defensas del libre albedrío de la literatura occidental: no todo está escrito; mucho lo escribimos nosotros con nuestras necedades.
El reconocimiento público que un hombre recibe según su rango y sus hechos: el respeto debido, los regalos, el sitio de honor en el banquete.
Por qué importaLos pretendientes atacan la timé de Ulises al ocupar su casa y cortejar a su mujer. Recobrar el honor —no solo la vida— es lo que exige la venganza final.
La sede de las emociones y de la deliberación interior, algo entre el «corazón» y la «voluntad». Los héroes homéricos hablan con su thymós.
Por qué importaUlises es el héroe que domina su thymós. Mi lectura: cuando contiene la rabia ante las criadas desleales en vez de estallar, vemos en germen lo que siglos después llamaríamos autocontrol emocional.
Quien se pone bajo la protección de otro abrazándole las rodillas. El suplicante era sagrado: rechazarlo ofendía a los dioses.
Por qué importaUlises náufrago suplica a Nausícaa; Telémaco suplica a los reyes que lo informen. La súplica, como la hospitalidad, mide la talla moral de quien la recibe.
Una sola palabra griega significa a la vez «extranjero» y «huésped» (de ahí xenía). El extraño no era un enemigo por defecto, sino alguien con derecho a acogida.
Por qué importaTodo el viaje de Ulises es un desfile de xénoi: en cada isla es el forastero que llega, y la pregunta es siempre la misma: ¿lo acogerán como huésped o lo tratarán como presa?
El aedo componía y cantaba con la cítara, de memoria y con cierta improvisación; el rapsoda, en época posterior, recitaba poemas ya fijados.
Por qué importaLa Odisea contiene aedos dentro de sí misma. Demódoco, el aedo ciego, canta la guerra de Troya en el palacio feacio y hace llorar a Ulises (canto VIII). Es el poema mirándose en el espejo: así se transmitía, de viva voz, antes de existir el libro que hoy tienes en las manos.
Creer que es un libro «de aventuras» y nada más. Lo es, pero cada aventura es una prueba ética. Si lees solo la peripecia, te pierdes la pregunta. Estos doce conceptos son las lentes para ver la pregunta detrás de cada monstruo.
Lugares y mapa del viaje
La Odisea no se cuenta en orden. Empieza casi al final, con Ulises ya cautivo de Calipso. Las aventuras famosas son un largo flashback que el propio Ulises narra a los feacios en los cantos IX–XII. Por eso separamos dos mapas.
El mundo del marco narrativo
La patria de Ulises, su pequeño reino isleño. El hogar al que todo apunta. Allí Penélope y Telémaco resisten a los pretendientes, y allí culmina el regreso y la venganza.
El reino de Néstor, adonde viaja Telémaco en busca de noticias de su padre.
El reino de Menelao y Helena, ya reconciliados tras Troya. Segunda escala de Telémaco.
La isla de la ninfa Calipso, donde Ulises lleva siete años retenido cuando arranca el poema. De aquí parte en una balsa hacia su libertad.
El país de los feacios, navegantes casi mágicos. Ulises llega náufrago, es acogido por Alcínoo y Nausícaa, y aquí relata todas sus aventuras antes de ser devuelto a Ítaca.
El viaje de Ulises, en orden cronológico (relatado en los cantos IX–XII)
La tierra de los lotófagos
Los comedores de loto. Quien prueba la flor olvida el regreso. Primera prueba: la tentación del olvido.
Canto IXLa tierra de los cíclopes
La cueva de Polifemo, hijo de Neptuno. Ulises lo emborracha, lo ciega y escapa llamándose «Nadie». Esta hazaña desata el odio de Neptuno que mueve todo el poema.
Canto IXLa isla de Éolo
El dios de los vientos regala a Ulises un odre con los vientos encerrados. Los compañeros lo abren por codicia y la flota es arrojada de vuelta.
Canto XEl país de los lestrigones
Gigantes antropófagos que destruyen casi toda la flota a pedradas. Solo sobrevive la nave de Ulises.
Canto XLa isla Eea, de Circe
La hechicera convierte en cerdos a los hombres. Protegido por la hierba de Mercurio, Ulises la vence; ella se vuelve su aliada y le indica cómo seguir.
Canto XEl inframundo (el Hades)
Ulises desciende a evocar a los muertos. Consulta a Tiresias, habla con su madre Anticlea y con héroes caídos. El centro del poema: para volver a casa, antes hay que mirar de frente a la muerte.
Canto XILas sirenas
Ulises tapa con cera los oídos de sus hombres y se hace atar al mástil para oír el canto mortal y sobrevivir a él.
Canto XIIEscila y Caribdis
El estrecho de los dos monstruos. Ulises debe sacrificar a seis hombres a Escila para no perderlos a todos en Caribdis.
Canto XIILa isla del Sol (Trinacia)
Los compañeros, hambrientos, devoran las vacas sagradas de Helios pese a la prohibición. El castigo es total: un rayo hunde la nave y mueren todos. Solo Ulises se salva.
Canto XIIOgigia
Náufrago y solo, Ulises llega a la isla de Calipso. Y aquí enlaza con el comienzo del poema: el círculo se cierra.
referido en VII y XII¿Por qué crees que Homero rompió el orden y empezó por el final? Mi interpretación: porque la Odisea no trata de «qué pasó», sino de «cómo se vuelve a casa». Al ponernos primero el deseo de regreso y solo después las aventuras, todo el viaje se lee a la luz de la nostalgia. La forma es el mensaje.
Homero y su mundo
El «por qué» de todo: quién fue Homero, cómo nació este poema y qué preguntas, con tres mil años encima, todavía nos quitan el sueño.
¿Quién fue Homero? La pregunta que no se cierra
Empecemos por una incomodidad honesta: no sabemos casi nada de Homero, y puede que «Homero» ni siquiera fuera una sola persona. La tradición lo pinta como un poeta ciego de Jonia, en las costas de la actual Turquía, a quien se atribuyen la Ilíada y la Odisea. Pero ni su época, ni su patria, ni su existencia misma están probadas.
A esto los estudiosos lo llaman la cuestión homérica: ¿fue un genio individual el que compuso estos poemas, o son la cristalización de siglos de canto colectivo, pulidos por generaciones de poetas anónimos? La discusión sigue viva hoy. Y aquí está lo hermoso: no necesitas resolverla para disfrutar el poema. Pero plantearla ya te enseña algo sobre cómo nace la literatura.
La poesía oral: poemas antes de la escritura
Para entender la Odisea hay que dar un salto mental difícil: estos versos se crearon para ser oídos, no leídos. Durante siglos no hubo libro alguno. Había aedos, poetas-cantores que, acompañados de la cítara, recomponían las historias cada noche de memoria, ayudándose de fórmulas fijas —«la Aurora de rosados dedos», «el ingenioso Ulises»— que sostenían el ritmo y la memoria.
Por eso la Odisea está llena de aedos: cuando Demódoco canta en el palacio de los feacios, o Femio canta para los pretendientes en Ítaca, el poema te está mostrando, por dentro, cómo nació él mismo. Es un texto que recuerda que un día fue voz.
Dos tiempos en un mismo poema
Aquí hay un matiz que cambia toda la lectura. La Odisea vive en dos épocas a la vez:
Es decir: el poema recuerda, ya como leyenda dorada, un mundo que había desaparecido siglos antes. Como si hoy escribiéramos sobre caballeros medievales: ni del todo historia ni del todo invención, sino memoria transfigurada en mito.
¿Por qué leer a los griegos hoy? Las preguntas que no caducan
Aquí está el verdadero «por qué» de este club. La Odisea tiene casi tres mil años y, sin embargo, plantea las preguntas que tú sigues teniendo:
- ¿Qué es de verdad «volver a casa»? Ulises rechaza ser inmortal con una diosa por regresar a una isla pequeña con una mujer que envejece.
- ¿Vale más la astucia o la fuerza? En un mundo que admiraba a los guerreros, Homero hace héroe al que piensa. Una idea casi subversiva.
- ¿Cuánto de nuestro destino lo escriben los dioses y cuánto nuestras propias necedades? La obra abre con Júpiter diciendo que los hombres se buscan sus desgracias y luego culpan al cielo.
- ¿Cómo tratamos al extraño que llama a la puerta? La xenía es, para Homero, la prueba que separa a los civilizados de los monstruos. Una pregunta dolorosamente actual.
- ¿Qué es la fidelidad cuando la espera dura veinte años? Penélope tejiendo y destejiendo es una de las imágenes más poderosas sobre la paciencia y el amor que resiste.
Leer la Odisea no es visitar un museo. Es descubrir que un poeta de hace tres milenios ya había pensado en lo que a ti te quita el sueño. Eso es lo que abre la conversación: no los dioses ni los monstruos, sino vernos a nosotros mismos en ellos.
Si Ulises pudo elegir ser inmortal junto a una diosa, en una isla paradisíaca, y aun así eligió volver a su tierra, a envejecer y a morir con los suyos… ¿qué es eso que él quería y que la inmortalidad no podía darle? ¿Y tú: tienes tu Ítaca?